Andanza es un proyecto que busca generar conciencia sobre la movilidad en la vejez. Propone entender el cuerpo envejecido como un territorio vivo que transporta historias y experiencias.
A través de esta mirada, visibiliza cómo la ciudad puede volverse una barrera y un espacio de aislamiento para las personas mayores. Invita a repensar la accesibilidad y el derecho a moverse desde una perspectiva más humana y sensible.
Gracias por considerarme en este proyecto que me brinda la oportunidad de expresar lo que siento al iniciar esta nueva década de mis noventa. Cada etapa de la vida tiene sus propias emociones y aprendizajes; el pensamiento y la salud cambian, y con ellos también la manera en que uno comprende la madurez y la transformación del ser humano.
Me alegra poder compartir estas palabras para decir que el ser humano no se queda quieto al llegar a la vejez: seguimos luchando con el pensamiento y con el corazón.
Ahora que comienzo esta nueva década, me siento agradecida con Dios por conservar la lucidez de mi mente. Aunque el cuerpo ya muestra el paso del tiempo y se van perdiendo algunas facultades físicas, uno debe entender que eso forma parte natural de seguir existiendo.
Mi pulso ha cambiado con el tiempo. Cuando era joven, mis movimientos eran firmes y prácticos, pero con los años y ahora en la vejez , escribir se ha vuelto más difícil. Siento cómo el cuerpo se va entorpeciendo al tomar la pluma o el lápiz la letra ya no sale igual que antes, pero sigue siendo parte de mí, una huella que ha ido envejeciendo junto conmigo.
Agradecidas por la posibilidad de comunicar un proyecto que surge desde la cercanía y la presencia.
Andanza es un gesto de intención que florece en la conciencia de todxs.
Se resuelve andando.